Desde mediados de mayo, los socios y visitantes del Real Club Mediterráneo tienen la oportunidad de disfrutar de una exposición singular y profundamente conectada con el entorno: «Arqueología Marítima», una muestra de más de cuarenta esculturas del artista malagueño José Ramón Fernández Canivell, instalada en el Salón de los Presidentes del Club, donde podrá visitarse durante un mes y medio aproximadamente.
Abogado urbanista de formación y escultor por vocación, Canivell ha encontrado en la escultura su principal lenguaje artístico. Desde niño, según él mismo confiesa, sintió una inclinación natural por la forma, el gesto, la materia… y aunque no pasó por escuelas, su obra está en permanente diálogo con la historia del arte, el paisaje y los materiales. Trabaja principalmente con barro andaluz, al que incorpora esmaltes industriales y otros de elaboración propia, dando lugar a piezas erosionadas, inestables, que parecen fósiles o restos marinos rescatados del tiempo.
La exposición se compone de unas setenta piezas en total, repartidas entre el Real Club Mediterráneo, el Club Náutico y otros espacios culturales de la ciudad. El conjunto evoca un universo sumergido, una arqueología imaginaria, donde las formas recuerdan pecios, fragmentos de ciudades hundidas o cuerpos desmembrados por el mar. “Me interesa la idea de ruina, de resto, de fragmento —explica el artista—. El mar no está como imagen, sino como fuerza que transforma”.
Un paisaje de memoria y sugerencias
Para Canivell, el valor de la muestra no está en una pieza concreta, sino en el conjunto: en cómo las esculturas se sostienen unas a otras, en el ritmo que crean, en el paisaje que componen. Un paisaje que remite al fondo del mar, a las civilizaciones desaparecidas o inventadas, a los efectos del tiempo sobre la materia.
La elección del Real Club Mediterráneo como uno de los espacios para acoger esta exposición no es casual. Hay un vínculo emocional muy fuerte que conecta al artista con la institución. “Mi padre y mi tío fueron socios del Club; mi tío Pepe fue incluso presidente. Exponer aquí es cerrar un círculo”, afirma con emoción. Esa carga simbólica añade una capa de profundidad al diálogo entre las obras y el entorno.
Un arte que no necesita ser entendido
Canivell se muestra contrario a una lectura excesivamente racional de su obra. “Me gustaría que el espectador pudiera mirar con calma. Que no intentara entender demasiado. Que permitiera que la forma hablara”, dice. Sus piezas no buscan una explicación, sino una resonancia, una conexión íntima y sensorial con quien las observa.
El Club Mediterráneo, por su cercanía al mar y su propia historia ligada al medio acuático, es un marco ideal para ese tipo de encuentro silencioso entre arte, memoria y naturaleza. Como señala el propio artista, muchos socios tienen una relación vital con el mar, lo que puede facilitar esa conexión intuitiva con sus esculturas.
Un taller siempre vivo
Aunque la exposición “Arqueología Marítima” puede visitarse durante las próximas semanas en el Salón de los Presidentes del Club, el trabajo de Canivell no se detiene. El artista continúa creando nuevas piezas en su taller, sin fechas cerradas pero con la convicción de que la producción debe ser constante, abierta al error, al accidente y a la transformación. “El barro propone y yo respondo”, dice sobre su proceso creativo, que es más escucha que planificación.
La obra de José Ramón Fernández Canivell puede seguirse también en redes sociales, a través de su perfil de Instagram: @caniarte_atelier, donde comparte algunas de sus piezas y reflexiones.
Una cita con la belleza erosionada
La exposición permanecerá en el Real Club Mediterráneo durante un mes y medio aproximadamente. Una oportunidad única para descubrir el arte que brota de la tierra, se deja acariciar por el mar y nos invita a mirar de otra manera. Sin prisa. Sin necesidad de comprender. Solo de sentir.
